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De buena mañana. 3 de agosto. Una pequeña suerte de verano.

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  (De buena mañana) Una pequeña suerte de verano. - Envuelta primorosamente, me llega una publicación poética. Son apenas una docena de poemas en un formato que no solo invita a la lectura, sino a la contemplación y al toque deleitoso. Es algo que se ha perdido ya en los libros: el placer culpable de acariciar la rugosidad de la cubierta, el cuidado papel interior. Estéticamente es a su vez un lujo: dos tintas en la cubierta y esas hendiduras de los golpes de imprenta, como se hacía antes, como se hizo siempre. Vivimos tiempos rápidos y descuidados. El fontanero, el barista, la vecina del cuarto, el alumno torpe aquel que tuviste y que siempre pensaste que acabaría en Breaking bad, tienen, todos ellos, algo en común. Todos han publicado un libro y del que piensan que es, por supuesto, y sin rubor, el mejor de la historia. Son publicaciones horribles ya solo por el continente, perpetradas a menudo por ese gigante llamado Amazon. Ninguna suele valer la pena. Sus autores son pesados, ...

De buena mañana. 3 de marzo. Terapia.

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  (De buena mañana) Terapia. - Ayer corté con Colás, tía. El grupito de universitarias se arremolinó alrededor de la despechada. Y yo, como un lince en busca de historias, alargué las orejas que se transformaron en antenas parabólicas. Cortar con Colás es el título perfecto para una docuserie o un relato de autoficción, si la joven quisiera dar el salto de la conversación pasillera hacia el escrito. Pero, bueno, mal que bien, para eso estamos otros. Son historias de pasillos, de bibliotecas, de cafeterías universitarias y aquí está uno como humilde cronista de esta vida pobre y anodina. La exnovia de Colás había ido esa mañana a clase como pudo. Sin pegar ojo. Sin desayunar. Sin hacer la cama. Sin pasar por la ducha. Sin ilusión. Sin ganas. Sin empuje. Pero tenía una práctica en la facultad y, con Colás o sin él, allí se presentó. El pelo enmarañado, ausente de peine, ocultaba una cara por la que habían pasado las horas del despecho y del insomnio como surcos. Quizá se había puest...