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Mostrando las entradas etiquetadas como muerte

De buena mañana. 21 de febrero. Vendrá la muerte.

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(De buena mañana) Vendrá la muerte y tendrá 50 años. - A nadie se le enseña a pensar en la muerte. Tampoco sobre el envejecimiento que tiene, por otra parte, una discriminación notable. Cuando eres niño o joven piensas, en efecto, qué quieres ser de mayor, o qué te gustaría hacer al acabar la carrera. A veces, sí, se piensa en cómo será tu vida de jubilado. Pero nadie piensa en cómo serás con 50 años, esa edad incierta. La muerte ahora no llega en esquelas o coches fúnebres deslizándose por el empedrado. La muerte llega ahora en forma de mensaje en la propia red social del finado. De esta manera, quien muere ha publicado hace pocos días algo y en su nombre alguien inserta la noticia de que el titular ha fallecido y cuándo será y dónde el entierro. Acabo de venir de México y he visto varios cementerios. He puesto unas flores a personajes olvidados, que ni siquiera tuvieron redes sociales y cuya tumba está en un lugar desolado e inhóspito. - Leo en Instagram que Antonio Diego Granado h...

De buena mañana. 20 de septiembre. Cómo no querer a Antonio.

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(De buena mañana. Sábado 20) Cómo no querer a Antonio. - Los primeros mensajes llegaron hacia las cuatro de la tarde. Había muerto Antonio Rivero Taravillo Un hombre bueno. Un escritor total. Un voluntarioso insomne de la literatura. En la traducción, la biografía, el ensayo, la novela, la poesía. En todo. Y de tantas cosas que sabía. Ha habido una polémica reciente acerca de la inecuación entre lectura y bondad y, sin embargo, Antonio Rivero era un ejemplo perfecto de esta confluencia. Era un sabio lector, era un profundo escritor y era una persona bondadosa. Su casa y su biblioteca están en el centro de Sevilla. En la calle Habana. Y por allí he pasado muchas veces. Alguna vez me lo recriminó con su media sonrisa: tenías que haber llamado. Pero yo no quería molestar y menos en estos tiempos últimos en los que a Antonio se le quedó en las fotos una sonrisa forzada, una lucha por sobrevivir. Una de las últimas veces que nos escribimos, le dije: la próxima vez que vaya a Sevilla tomamo...

De buena mañana. 2 de noviembre. Noviembre y muerte.

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  (De buena mañana) Noviembre y muerte. - Inmersos en una corriente de destrucción y muerte como la que se ha llevado varias localidades de Valencia, debe quedar el silencio, la ayuda y el luto. Después, evidentemente, las explicaciones y las dimisiones. Que debería haberlas. En Valencia y en Madrid. Uno comprende que catástrofes tan repentinas son imposibles de calibrar en su justa medida. Quien viva o viaje con frecuencia por la zona se ha encontrado más de una vez ante temores y avisos. Salía yo de un parking hace años en el centro de Valencia y recordé el título aquel de "el río que nos lleva". Nunca había visto llover de ese modo y era imposible gobernar el volante. Por suerte paró en poco tiempo y quedó todo en una anécdota. En otra ocasión se avisó de una tormenta inminente y yo solo pensaba en mi coche aparcado en una calle. Somos, como decía Manuel Vilas en Ordesa , una generación apegada a su vehículo. Tu coche. Tu pertenencia. Tampoco pasó nada. Ahora sí. Y ha sido...

A Francisco Ruiz de Pablos

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  “Habitaba un país delimitado / por la cercana costa de la muerte” . Son unos versos precisos del poeta barcelonés Jaime Gil de Biedma, cuyas cenizas reposan en el pueblo segoviano de Nava de la Asunción. Y aunque la verdad de la muerte y la cercanía de su costa es inherente al ser humano, vivimos con la creencia falsa de que nuestra existencia será eterna. El periodista de El Adelantado de Segovia, Amador Marugán, me llamó hace pocas horas para preguntarme por el estado de salud de Francisco Ruiz de Pablos . Hasta allí habían llegado las noticias sobre el deterioro de este querido profesor y filólogo, quien finalmente ha alcanzado la cercana costa de la muerte en la madrugada del domingo 20 de agosto. Los orígenes familiares de Francisco Ruiz de Pablos procedían por una parte de la localidad granadina de Iznalloz y, por otra rama, de la Nava de la Asunción, localidad que para él fue un imán sobre todo en las últimas décadas no solo por razones de raigambre sino por cuestiones lit...

De buena mañana. 4 de febrero. Hijos.

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  (De buena mañana). Hijos. - Ha muerto su hijo , me avisaron en un mensaje. Es cierto que yo no lo conocía pero sí a alguno de sus familiares más cercanos. Y la frase era, en cualquier caso, contundente, veraz, horrible. Sobre la muerte está todo dicho pero no existe consuelo cuando alguien que ni siquiera ha llegado al " mezzo del camin della vita ", se va de forma inesperada. Pasamos por aquí, estamos a nuestras cosas, nuestros quehaceres muchas veces secundarios. Había escrito este joven un libro pero en el tráfago actual de tantas cosas, de tantas presentaciones, de lo que hablábamos un poco recientemente, no nos habíamos percatado de su labor creativa. No sabía nada. A veces la muerte crea sentimientos de culpa en los que se quedan. Ese doble plano de la existencia del creador y de su obra. ¿Quién gana a quién? - En otras profesiones la muerte no es una entelequia ni una media verdad espiritual. Se ve, se siente, se torea con engaños. Por la tarde, tuve de cerca a José...

De buena mañana. 1 de noviembre. Maquillar a los muertos.

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  (De buena mañana) Maquillar a los muertos. - No tengo una familia grande. Las visitas al cementerio son espaciadas y, cumplidos los trámites del recuerdo, resulta provechoso dar un paseo por las diversas calles, hacer alguna foto y tomar notas para un artículo que no acaba de salir, dado que me requeriría unas cuantas visitas a un archivo, y que, por ello, nace siempre muerto. Es normal que las visitas a los cementerios, desde un ámbito curioso, histórico o morboso, se hayan puesto de moda. Creo que eran lugares que a mí ya me fascinaban desde niño. Y nunca he dejado de hacerlo. De hecho no hay ciudad que visite que no incluya un paseo lento. ¿MIs favoritos o los que mejor conozco? Para los curiosos: el Monumentale de Milán, el Highgate de Londres, el pequeñito cementerio inglés de Madrid, el inglés de Florencia, y el de Sevilla. Siempre las mismas: Milán, Londres, Florencia, Sevilla. Tengo que volver en cualquier orden. Una vez más. - No existe mayor condena que la fama póstuma...

De buena mañana. Jueves 27 de octubre. Una bolsa.

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  (De buena mañana). Una bolsa. - Esta semana, muy de buena mañana, murió un vecino. Apenas teníamos trato con él pero, sea de quien sea, una muerte, que es la negación del movimiento, del andar, de las piernas, del hálito o de la palabra, siempre Impacta. Yo tenía que bajar por las escaleras para hacer unos recados y tuve que esperar porque en esos momentos comenzaron los empleados de la funeraria a realizar sus labores. Al muerto le daría igual que me cruzara con su cuerpo mientras yo portaba una carpeta con fotocopias o una bolsa del supermercado. Al fin y al cabo él iba también en una bolsa , luego ya no era un hombre, tan solo una cosa, un ser inerte. El mismo día por la tarde tenía que explicar en mi curso sobre literatura y arte italiano el Cristo muerto de Mantegna , que se custodia en la Brera de Milán . Cierto que es una disposición inusual, muy frontal, en escorzo, pero que le da al cuerpo rígido una potencia musculada, un pecho pronunciado, un estar pleno de vida. Cuan...

De buena mañana. 30 de septiembre. Con garantía.

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  (De buena mañana) Con garantía. - La generación de nuestros padres tenía unas obsesiones recurrentes y fijas. Eran tiempos en los que el buen hacer y el buen parecer convivían estrechamente de manera que el mayor de los oprobios era no poder pagar una letra, dejar a deber la iguala del médico u olvidarse de rellenar la garantía de un nuevo aparato eléctrico. Los que tienen 40 años para abajo, por suerte para ellos y para todos, no recordarán ninguna de estas obligaciones cotidianas ni los tiempos en que los cobros se hacían mediante visitas. Cuando yo era pequeño me inquietaba la llegada del cobrador del médico, un hombrecillo poca-cosa que esperaba en el rellano con unos papelillos y unas tijeras minúsculas con las que recortaba la parte correspondiente al consultorio médico. Más intrigante, sin embargo, era el cobro de los muertos, el sempiterno, y nunca mejor dicho, seguro de decesos. Mi afición a la fabulación, a inventarme historias por doquier, viene quizá de aquella época...

Un millón de vivos o de muertos

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(Artículo publicado en la sección Club Diógenes de El Diario de Ávila el martes 7 de abril de 2020)   En alguna de las clases de este truncado trimestre, leía yo a mis alumnos el famoso poema de Dámaso Alonso en el que el autor, en los inicios de la postguerra, hablaba de Madrid como una ciudad de un millón de cadáveres. Años antes, y con motivo de su extraño viaje a Nueva York, Lorca anotó que no hay “más que un millón de carpinteros que hacen ataúdes sin cruz”. Un millón de muertos en Madrid, un millón de ataúdes en la ciudad que no duerme. El poder de las cifras y su transmisión directa en el verso nos hacen recordar estos días que Madrid y Nueva York son algunas de las ciudades más azotadas ahora mismo por el virus. Nadie podía imaginar el poder que ejercerían algunas de las lecturas realizadas en años en una situación como la que vivimos. ¿Nos salvan estas lecturas? No siempre, pero nos acompañan. En todo caso, de manera más o menos acertada, los artículos de la prensa se ha...

Amarilla muerte

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(Artículo publicado en la sección Club Diógenes de El Diario de Ávila el martes 13 de febrero de 2018) “Mi corazón parece un árbol negro lleno de pájaros amarillos que chillan y taladran mi carne como en un martirio”. Lo dice Manuel Vilas en Ordesa, un recientísimo libro que salió publicado por Random House a finales de enero, y que lleva todo el camino de convertirse en uno de los hallazgos literarios del año (a la hora de redactar este artículo la imprenta vomitaba con velocidad ya la cuarta edición). ¿No es increíble? ¿No es envidiable? ¿Jubiloso? Mucho. Se atribuye a Larra la tergiversada frase de “escribir en España es llorar” y nos alegramos, por ello, de que al fin el bueno de Manuel Vilas, el contumaz, sarcástico, incisivo y polémico Vilas se lleve una alegría con este éxito repentino y merecido. Pero es que, además, en su caso, escribir es llorar. Y no es ahora ni una metáfora ni un cliché, de esos que usan con tanta frecuencia los periodistas actuales. Escribir es llorar...