De buena mañana. 3 de agosto. Una pequeña suerte de verano.
(De buena mañana) Una pequeña suerte de verano.
- Envuelta primorosamente, me llega una publicación poética. Son apenas una docena de poemas en un formato que no solo invita a la lectura, sino a la contemplación y al toque deleitoso. Es algo que se ha perdido ya en los libros: el placer culpable de acariciar la rugosidad de la cubierta, el cuidado papel interior. Estéticamente es a su vez un lujo: dos tintas en la cubierta y esas hendiduras de los golpes de imprenta, como se hacía antes, como se hizo siempre.
Vivimos tiempos rápidos y descuidados. El fontanero, el barista, la vecina del cuarto, el alumno torpe aquel que tuviste y que siempre pensaste que acabaría en Breaking bad, tienen, todos ellos, algo en común. Todos han publicado un libro y del que piensan que es, por supuesto, y sin rubor, el mejor de la historia. Son publicaciones horribles ya solo por el continente, perpetradas a menudo por ese gigante llamado Amazon. Ninguna suele valer la pena. Sus autores son pesados, insisten machaconamente para que les compres un libro, señal inevitable de que no lo compra ni su primo. Pasan los días, los meses, y esos libros no circulan ni se recuerdan.
Pero yo venía a hablar de este Cuaderno de Roma, que ha escrito Joaquin del Campo, con el auxilio de su imprenta artesanal, Golpeenseco Impresores Creo que es lo mejor que me ha llegado este verano y, de verdad, me he pasado un buen rato contemplándolo, acariciándolo, pasando sus hojas y mirando, a la vez que leyendo, alguno de los poemas que dedica a la ciudad eterna. "Un bosque de columnas / con su óculo mirando al mar". La edición, verdaderamente artesanal, como ya no se estila, tiene una tirada de apenas 25 ejemplares. Nadie se hará rico con esta edición ni aspirará a ser el libro más vendido de la subsección número 1700 de Amazon. "Mamá, soy el más vendido de la sección de poesía erótica albaceteña de Amazon". Esto es otra cosa. Estos poemas sobre Roma y su edición han llenado una tarde de verano y están ahora en un lugar visible de la biblioteca. Tienen en su pequeñez un espíritu de inmanencia, de buen hacer, de satisfacción en cada hendidura y en el tipo de letra. Los poemas de Joaquín del Campo fluyen como ese Tevere "perseguido por el viento". El papel rugoso y verjurado los acuna, los protege y los envía a la eternidad, como Roma.
- Nueva visita a Londres, cuarta en un año. Recorridos dispersos, inusuales, otros más previsibles. Nadadores londinenses buscan escapar de esta inusual canícula, que ha dotado a Londres de un estridente color pajizo, en las piscinas naturales. Londres es, pese a todo, una ciudad muy apegada a su naturaleza. Nadan a las ocho de la mañana en los ponds de Hampstead o en la nueva piscina natural de los docks, con agua fresca del Támesis. En una vía del tren nos observa un zorrillo, que busca comida. Las ardillas se extrañan de la escasez de hierba fresca. Greenwich amarillo como el año de la peste o del incendio.
- Hacía años que no entraba en el Museo Británico. Lo recorrí tanto en mis primeros viajes a Londres de adolescente y de universitario que tengo grabado en la memoria cada pieza. El calor insufrible y las masas son molestas. Por primera vez deseo que un primer ministro tome una decisión insólita: hay que poner un precio de 10 o 15 libras para entrar en el museo. Si no, esto se hunde.
@ David Ferrer, 2026
Más cositas en la web www.davidferrer.net












Comentarios
Publicar un comentario