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Mostrando las entradas etiquetadas como gatos

De buena mañana. 8 de agosto. Te voy a enseñar algo.

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  (De buena mañana) Te voy a enseñar algo. - Cada mañana, después del desayuno, reviso las cuestiones menores que son precisamente las que te aportan dopamina y te ponen en marcha con un chute de cabreo: las cuentas y videos de Instagram. Eso ahora que es temporada veraniega. En invierno, añado una dosis de Federico Jiménez Losantos a eso de las ocho de la mañana y ya salgo al trabajo dispuesto a asesinar al primero que se me cruce por la calle. Pero algo parecido ocurre con estas chicas que hacen videos de todo y para todos y cuyo leit motiv es básicamente "te voy a enseñar algo, a ti que no sabes nada". Lo de enseñarte algo a veces es literal, como dicen ellas, porque para hablar de un libro que han leído o de un cuadro que conocemos desde nuestra infancia, también muestran medio muslo o un escote. Tiene su lógica: el libro en cuestión no interesa, el muslo en cuestión es admirable y ya todos vamos siendo viejos verdes. El caso es que ves estos vídeos instagrammers de esta...

De buena mañana. 24 de enero. No dan ni las gracias.

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  (De buena mañana). No dan ni las gracias. - Al igual que con mis columnas de El Diario, los duendes de la red hacen de las suyas con estas sencillas letras que escribo de buena mañana. Los expertos de la mercadotecnia y la informática online lo llaman los "algoritmos". No sé nada de ello. Sólo sé que a veces escribes una columna de la que te sientes satisfecho y no tiene apenas lectores. Y otras, u otros textos de esta sección, de repente se viralizan no se sabe cómo y llegan al infinito y más allá, con reacciones adversas. Uno escribe estas líneas por divertimento. Soy vago para ello. Si puedo elegir entre leer y escribir, me ocupo siempre más de lo primero. Desde hace ya más de doce años acepté el reto de escribir una columna para El Diario de Ávila, y unos textos ocasionales en este Facebook, simplemente para obligarme a escribir, como el que entrena para un posible maratón, al cual nunca acude. Esta semana dejé por aquí unas líneas sobre el cierre de una librería. Y ya...

De buena mañana. 22 de diciembre. Saldrá el 8.

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  (De buena mañana) Saldrá el 8. - Mientras tomo un café, me aborda un hombre pequeño, diminuto, de hombros torcidos. Mira hacia arriba y me dice: tengo el 8. Va a salir mañana. Esbozo una sonrisa compasiva y le digo que no, que muchas gracIas. Se arrepentirá de no haber cogido el 8, insiste. A dos metros de la barra, dos trabajadores le hacen caso y le compran el 8. Puede que hoy se hagan ricos y se compren una casa, un coche nuevo de alta potencia, coman marisco y se cambien de novia o busquen una de reemplazo. Yo no tengo el 8. Tampoco sé qué tengo en ese bombo de las vanidades y la envidia. Y si juego algo, como nos ocurre a todos, habrá sido por envidia precautoria, una especie de riqueza condicional. Por si al otro le toca, que tú no seas menos. Lástima que no llevo el 8. En la puerta de los grandes almacenes el pequeño hombre recuenta sus boletos. Lo hace con brío, de manera ágil. Se guarda algunos billetes en los bolsillos del chaleco y coloca otros números delante. Se acer...

De buena mañana. 11 de octubre. Maleantes

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  (De buena mañana) Maleantes. - En la esquina de un bar discutían dos personajes mayores. No demasiado pero con ese aspecto avejentado, a la contra del tiempo, como llamador de la muerte que toman algunas personas en ciudades de provincia y, supongo, en algunos barrios de Madrid. Hablaban de un tercero al que uno de ellos tachó de "maleante". Comenzó enseguida una discusión lexicográfíca sobre tal improperio, haciendo como se hacen todas las investigaciones, con una pregunta: - a ver, define maleante, dime tú por qué es un maleante. - Porque malea, porque hace malo todo lo que toca - contestó el otro sin arrumbarse. - Pues todos somos maleantes entonces. - No tanto como ese. Venga, pon otra. El maleante por supuesto no compareció ni los solitarios del bar supimos después en qué consistía su "malear", su malaje, su malandanza. De ahí pasaron a hablar de Pedro Sánchez, lo cual ni está bien ni está mal, sino que como las fichas del Tetris van colocándose en su sitio, ...

De buena mañana. 28 de septiembre. Ahuyentadora del caos.

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  (De buena mañana) Ahuyentadora del caos. - Se ha formado una cola intensa y bullanguera en una de las dependencias administrativas de la universidad. En parte porque es época de trámites y, de manera más práctica, porque fuera llueve. Los funcionarios se hacen entender como pueden ante las legiones de chinos que pueblan los estudios salmantinos. Me consta que cada vez son más, con niveles ínfimos de español eso sí, lo cual no es problema para la universidad que acoge con fervor sus ingresos y pagos. Pagan religiosamente. Mucho. Como a los chinos no los entiendo, me dedico a escuchar una conversación atrás sobre el rector. El asunto sigue candente. De hecho ya se habla sin pudor del asunto en los pasillos de la propia casa, a menos de cien metros de su despacho. Su caso no parece muy extraño pues si se vigilara el sistema de publicaciones y de autobombo de la academia universitaria de los últimos treinta años, un tercio quedaría trasquilado. La lluvia caía afuera, los chinos usaba...

De buena mañana. 19 de septiembre. Normalizar.

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  (De buena mañana) Normalizar. - Cuando me aburro, expurgo la biblioteca y hago mini secciones. Son volátiles y poco permanentes porque responden a una necesidad bibliófila del momento, a casualidades de las compras, a cuestiones académicas o gustos perecederos. El año pasado tuve que crear una sección dantesca; hace tiempo otra sobre la muerte y sus lugares (ha ido creciendo); tengo varias estantes llenos sobre Londres y estos días, en mi retiro ajardinado y horticultor de lectura, dispuse una mini biblioteca de asuntos naturales, de la tierra: ecléctica a más no poder. A veces estas secciones cobran un sentido y vas completándolas; en otras ocasiones se clausuran rápidamente, no dan más de sí. La buena biblioteca es móvil. Los libros vienen y van, suben y bajan. Suben a lo más alto en una especie de exilio y, pasado un tiempo de suplicio, requieren algo de cariño y retornan a las baldas inferiores. Desconfío de la gente que tiene bibliotecas perfectas, simétricas, inmóviles. Hac...

De buena mañana. 18 de agosto. Anís del mono.

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  (De buena mañana) Anís del mono. - Desconozco casi todo de los gatos. No sería capaz de tener uno en casa. Pero, como decía mi querido Luis Antonio de Villena, al llamarlos los "gatos príncipes", veo algo majestuoso, individualista, egocéntrico y sublime en esos animales. Sin embargo, como digo, sería incapaz de adoptarlos como mascotas. Desde hace un tiempo, un gato blanco y uno negro se alternan en la parcela para hacer una visita. Lo hacen de manera sigilosa, siempre por el mismo sitio, siempre a la misma hora. De todo el espacio (el huerto, el jardín verde, las escaleras ruinosas, la casa, el espacio seco), han decidido presentarse por el jardincillo inglés, donde vigilan mudas las figuras de Helena de Troya y la de Afrodita. Se alternan: unos días llega el gato blanco, y otros el gato negro. Nunca juntos. A las ocho de la tarde. Aparecen de repente en el murete y allí se paran un tiempo junto a la estatua de Afrodita, con la cual han establecido una amistad que parece ...

De buena mañana. 11 de agosto. El arte de no hacer nada.

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  (De buena mañana) El arte de no hacer nada. - Está mal visto no hacer nada. De adolescente me encantaba ese poema tan poco juvenil de Gil de Biedma que decía (cito de memoria): "no leer, no sufrir, no pagar cuentas y vivir como un noble arruinado entre las ruinas de mi inteligencia". Ha sido este pasado un curso intenso: además de los cursos habituales, me he enfrentado a una enseñanza nueva sobre la que tuve que construir sobre la marcha cimientos, andamiaje, forjados y tejado. Y en horario vespertino. Como para hacer algo después. Llega San Lorenzo como el primer aviso del fin del verano. Aún quedan nuevos toques. Apenas he viajado, no he escrito un libro nuevo, llevo una vida social de monje capuchino. Por contra, no me dan envidia las hordas que pasean por Santorini, Formentera o Matalascañas. Así que hago recuento de cosas nimias: - Cada atardecer veo acercarse sigilosamente un gato, que merodea con respeto por la estatua de Afrodita. No la toca ni la derriba. Le dejo ...