De buena mañana. 17 de enero. No vaya al psicólogo, vaya al Corte.
(De buena mañana) No vaya al psicólogo, por favor, vaya al Corte.
- Me cuentan que las consultas de los psicólogos están llenas. Que cuesta pedir una cita o encontrar uno disponible. También lo están los gimnasios y los fisioterapeutas. Creo que va todo relacionado. Tienes una brecha interior en la cabeza, por un quítame allá esas pajas, y te vas al gimnasio a compensar. Como consecuencia, el tercer paso es el masajista o el fisioterapeuta. Me fío poco de los psicólogos, no así de los psiquiatras, cada vez más necesarios en estos tiempos de locos.
Al gimnasio procuro ir poco. Al fisio voy escasamente y, desde luego, por un psicólogo no piso. Creo más en las verdades de un whisky, en los consejos de un libro y, como remedio eficacísimo, altamente recomendable, en una tarde en El Corte Inglés.
Decía esta semana en un artículo Chapu Apaolaza que "a quien no le gusta El Corte Inglés, no quiere a su madre". Yo soy de siempre de la línea de Chapu, de manera que si tengo una semana tonta, nada me pueden arreglar las modernas técnicas de la psicología o los consejos de un trainer o un coach. Por contra, la autoestima y el placer se vienen arriba cuando un amable empleado en traje y corbata de de la planta de caballeros de El Corte saca su mágico metro, me toma unas medidas, y me da la prenda exacta. Le queda impecable. Paso por caja y me quedo tan contento.
Ayer por la tarde, sin ir más lejos, me pasé tres horas en El Corte Inglés de Salamanca, que es desde hace años mi centro de referencia (en tiempos lo fue Princesa, después Goya y luego Sanchinarro). ¿Qué hice allí tanto tiempo? Comprar, compré bastantes cosas pero sobre todo socializar. En el parking me encontré con un viejo amigo de colegio mayor, a quien me costó reconocer. Otro adicto al Corte. Veinte minutos de charla. Mirando unos libros coincidí con un profesor de Arte. Otros quince. Mi librero de referencia se acercó a saludarme. Más tiempo. En la planta de caballeros me atendieron como suelen y caí en algunas compras inesperadas. En la cafetería, el jefe de sala se acercó a departir un rato. Con el empleado de mascotas tuve una charla interesante sobre mininos. Y a pocos metros me encontré con el responsable del taller, y estuvimos departiendo unos instantes sobre nuestros Alfas.
Al salir del parking, una lluvia intermitente en un cielo plomizo. Se habían pasado más de tres horas. Gasté seguramente algo más de lo que me costaría un psicólogo pero me vine cargado de bolsas y con la dosis de socialización muy alta. En eso consiste El Corte Inglés. Y es algo genuino de España.
- Cerca de la Facultad de Historia, y cargado de libros de la biblioteca, me cruzo con el Rector de la Universidad. Va hablando por los auriculares. Y yo escucho. Habla de millones. De subvenciones. De créditos. Dicen las malas lenguas que para atraer fondos es un águila. Lo creo.
- Iniciado esta semana un nuevo curso en la Fundación Ávila. Sobre la relación del arte italiano con su literatura. Explicamos cosas. Las contamos. Diseccionamos. En las mañanas te dedicas a pasar el rato y procurar que un alumno no se pegue con otro. Por las tardes, explicas y razonas. Todavía me pregunto para qué sirven los colegios e institutos. El calendario escolar prosigue. Nos quedan como compensación muchas tardes que pasar en las plantas de El Corte.
© Texto y fotos David Ferrer, 2026.
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