De buena mañana. 21 de febrero. Vendrá la muerte.
- A nadie se le enseña a pensar en la muerte. Tampoco sobre el envejecimiento que tiene, por otra parte, una discriminación notable. Cuando eres niño o joven piensas, en efecto, qué quieres ser de mayor, o qué te gustaría hacer al acabar la carrera. A veces, sí, se piensa en cómo será tu vida de jubilado. Pero nadie piensa en cómo serás con 50 años, esa edad incierta.
La muerte ahora no llega en esquelas o coches fúnebres deslizándose por el empedrado. La muerte llega ahora en forma de mensaje en la propia red social del finado. De esta manera, quien muere ha publicado hace pocos días algo y en su nombre alguien inserta la noticia de que el titular ha fallecido y cuándo será y dónde el entierro.
Acabo de venir de México y he visto varios cementerios. He puesto unas flores a personajes olvidados, que ni siquiera tuvieron redes sociales y cuya tumba está en un lugar desolado e inhóspito.
- Leo en Instagram que Antonio Diego Granado ha muerto. 55 años. Lo recordaré para siempre ya con 20, con la sonrisa puesta y con la cabeza llena de proyectos que para mí eran inverosímiles. Vivimos en el mismo colegio mayor, hace ya unos 30, en lo que probablemente son los mejores años de la vida. Después todo se desordena, se ordena, se encaja o desencaja. Hoy veo en las redes, y también en la prensa de su Asturias natal, que su eterna juventud se ha truncado. Hablábamos por aquí o por allí, ventajas y desventajas de las redes sociales, y nos manteníamos al tanto de nuestras cosas.
Por aquella época, los maravillosos noventa, Antonio Diego era ya un artista consumado. Un adelantado. Hablaba de ordenadores cuánticos, se metía en internet a principios de la década, y manejaba con soltura programas de edición de video que para el resto de los humanos eran pura ciencia ficción. Por su muerte me he enterado de que Antonio tenía tres años más que yo, aunque siempre sospeché que me llevaba 20 años de delantera. En cierta ocasión, me propuso que escribiera un guión para un corto de ciencia ficción. Él andaba por delante, y mi proyecto se quedaba lejano, muy corto. Siempre he sido un clásico y él era mucho más vanguardista. En la foto de abajo, estamos ahí, jóvenes, imberbes y esperanzados, sabedores de que los 50 años no existen y que siempre seríamos universitarios. No es así la cosa como la pintan. Antonio Diego Granado iba lanzado. Pero se ha ido pronto. Muy pronto. Fueron años muy divertidos, amigo. Espero que los hayas disfrutado.
© Texto y fotos David Ferrer, 2026. Más cositas en web de David Ferrer


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