De buena mañana. 24 de enero. No dan ni las gracias.
(De buena mañana). No dan ni las gracias.
- Al igual que con mis columnas de El Diario, los duendes de la red hacen de las suyas con estas sencillas letras que escribo de buena mañana. Los expertos de la mercadotecnia y la informática online lo llaman los "algoritmos". No sé nada de ello. Sólo sé que a veces escribes una columna de la que te sientes satisfecho y no tiene apenas lectores. Y otras, u otros textos de esta sección, de repente se viralizan no se sabe cómo y llegan al infinito y más allá, con reacciones adversas.
Uno escribe estas líneas por divertimento. Soy vago para ello. Si puedo elegir entre leer y escribir, me ocupo siempre más de lo primero. Desde hace ya más de doce años acepté el reto de escribir una columna para El Diario de Ávila, y unos textos ocasionales en este Facebook, simplemente para obligarme a escribir, como el que entrena para un posible maratón, al cual nunca acude.
Esta semana dejé por aquí unas líneas sobre el cierre de una librería. Y ya lo siento. Sí, en efecto, siento el cierre de una librería o de una tienda de ropa o de un pequeño bar de barrio. Yo simplemente me ocupaba de las causas y de que, en realidad, en estos tiempos poliédricos, no todo es lo que parece y a veces hay que buscarle tres pies al gato.
El asunto de la librería, no por mi culpa, ha devenido viral. Para colmo ayer unas políticas fetén y molonas se dejaron ver por la misma librería molona que echa el cierre. No se sabe si para recoger las cenizas del finado, para hacer leña del árbol caído o, más bien, para darle sin querer el último estacazo. Más bien esto. Si yo tuviera un comercio o una actividad social, cruzaría los dedos para que no entraran Mónica García y sus adláteres. Porque sería el tiro de gracia.
Hace muchos años tuve una editorial. Fui, en efecto, a Tipos Infames y les llevé unos ejemplares de los libros. Uy, estas son cosas muy exquisitas, me dijo el tipo que allí estaba. Y no los aceptó para ponerlos a la venta. Me gustó aquello de que fueran publicaciones exquisitas y me he reído ahora cuando el mismo pájaro afirma que su librería cierra por la "gentrificación o el capitalismo". Pero ¿no se trataba de vender libros?
(Recuerdo otra anécdota que me viene a la mente: una librería de segunda mano en Venecia, en la que no compra nadie. Todo lleno de circulantes selfie a punto. Entra una madrileña, presta a hacerse fotos en tan icónico lugar, y dice: "uy, qué horror, está todo lleno de turistas". Siempre el turista es otro, y el capitalista también).
Creo sinceramente que el problema de esta librería es, como ya dije, de competencia: tienes ahora mismo alrededor treinta librerías iguales. También es posible que esos barrios (Malasaña, Moncloa, Chamberí...) hayan cambiado. Se han hecho verdaderamente antipáticos. No solo por causa de los pisos turísticos sino porque el perfil habitante de la zona son parejitas de 35-50 años que con suerte compran un libro al mes y que prefieren estar viajando cada fin de semana. O simplemente sobrevivir a los precios del barrio. Quizá generalizo, pero es la sensación que me da.
El caso es que mis letras sobre esta librería se han "viralizado". Es un excelente adjetívo, un cambio semántico muy acorde. Como esas aguas que se contaminan de repente y no son aptas para el consumo.
- El otro día en una clase (bachillerato) una chica me dijo que se aburría en mis clases, que deberíamos hacer juegos. Estaba explicando a Dante. Afanándome como estaba en explicar las características del infierno, casi se me caen las gafas al suelo. A lo mejor esto explica lo otro: el cierre de algunas librerías. Menos libros y más juegos.
- Y tercera. Al fin esta semana Jeremías y Malaquías, dos gatos, entraron en casa. Echaron un vistazo. Vieron los libros y les llamó la atención la llama de la estufa. Son callejeros los pobres. Donde esté un fuego cálido que se quiten los libros. Después se fueron al cuenco y comieron. Con ansia y rapidez. La comida es lo importante. Una vez hecho esto, salieron con agilidad por el hueco pequeño entre la puerta y la jamba. Ni las gracias dieron.
© Texto y fotos David Ferrer, 2026.
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