De buena mañana. 31 de enero. Día de pierna.
(De buena mañana) Día de pierna.
- En grupito, casi adolescentes. Pantalón corto, con la que estaba cayendo, pero una cazadora negra, color habitual entre los de su edad. La bolsa de deporte en la mano, el móvil en la otra. Risas. Ocupación completa de la acera.
Hoy es día suave. Día de pierna. Hoy renta.
Los gimnasios se han convertido en el meeting point de varias generaciones que, sin embargo, no se mezclan. Allí está cada grupo a sus cosas: los X, los Z, los millenials, los Boomers y hasta los jubilados. En las primeras tandas predomina la constancia y la división en partes. Como si de una carnicería se tratara, o una especie de autopsia en vivo, los grupos jóvenes lo tienen claro: hoy es día de pierna, mañana de pecho, pasado brazos.
Cada parte va construyéndose y afianzándose. No lo disimulan. Mira mis bíceps. Hay que fortalecer los glúteos. Hablan sin alterarse de isquiotibiales, cuádriceps, aductores, de la misma manera que otros tratamos la retórica. Desprecian la tibieza de los que se conforman con una cinta de correr o unas mancuernas que pesen menos de 8. Ellas son todavía mas combativas: aspiran a unos glúteos enormes bajo una cadera mínima. ¿Ves cómo se marca? Le dice una adolescente a otra mientras para su Spotify.
SI uno fuera Juan Antonio González Iglesias haría un poema de todo ello. Ya los ha hecho, y perfectos. No podemos enmendarle la plana.
Yo no tengo días de piernas, ni de pecho ni de brazos. Cada vez ando menos. Me da pereza el deporte en estos días de frío, lluvia y nieve y me refugio en la luz cálida y un libro. Mis días no son de pierna. Paso el dedo por las páginas. Suena Bach, Prokofiev, Poulenc. Soy un marciano, un disidente.
- No voy a hablar de Uclés, no voy a hablar de Uclés, no voy a... Me aburre el tío y sus contrarios. Son tan previsibles unos y otros como un día de pierna en un gimnasio de un barrio.
- Veo por el canal correspondiente la belleza de un rito: ceremonia en latín, chirimías y procesión de togas por el claustro de la Universidad de Salamanca. En estos días pasados, de tanta muerte y congoja, se discute (como todo ahora) sobre la necesidad de un rito o de otro. Donde no hay tradición no hay rito. Sea en un funeral, sea en una universidad. Miles de universitarios pasan sus carreras por los campus y no saben distinguir el color de una toga ni han oído jamás un Gaudeamus. Pero los jueves son día de pierna, y los viernes de pecho y luego se sale.


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