De buena mañana. 22 de enero. Desapariciones. Hoy: librerías molonas.

 (De buena mañana) Desapariciones. Librerías molonas.

- Una tendencia lastimera inunda las redes cada vez que se anuncia el cierre de un comercio. La conmoción es mayor si lo que desaparece es una librería. Cuando se cierra una joyería o una ferretería o una copistería nadie pone pegas. Se ve que en eso somos selectivos. A mi edad, más de 50, he visto fundar, abrir, cerrar, eclipsarse centenares de comercios. Es ley de vida, ahora y siempre. Quizá ahora todo va más rápido y las causas son más conocidas. Por ejemplo, apenas quedan tiendas de ropa de caballero pero se abren por doquier peluquerías y tiendas de móviles y carcasas.
Domina hoy el ambiente de las redes la conmoción por el cierre de Tipos Infames en Madrid, en Malasaña. 14 años han durado. Dicen sus propietarios y fundadores que la culpa es de la gentrificación. Ha bastado eso para que se produzcan centenares y miles de lamentos en la red X, antes Twitter. La gentrifícación, la gentrificación, esa palabra abstracta y llamativa que recuerda al "horror, al horror" de Joseph Conrad. Varias ideas me vienen a la mente y, desde luego, más pragmáticas. Y resumo en lista.
- Tipos Infames era una librería agradable, fetén, molona. Yo la visité mucho en los principios. Después ya mucho menos. Todo era bondad, títulos alternativos, editoriales pequeñas. Pero uno se cansa de leer novelas de tercera fila de Impedimenta o de Asteroide. Es más: estas editoriales ya no son tan pequeñas. Asteroide vende lo suyo. Es una editorial mainstream: hasta publica una biografía de Julio Iglesias.
- Esos comercios hipster contribuyeron a una hipsterización del barrio. Si no llevabas gafas de pasta y un jersey de talla grande, te miraban raro en el barrio. Pero los hípsters van haciéndose mayores. Otros van teniendo hijos. O se cansan del barrio y se compran un Tesla. Y Tipos Infames, sin quererlo, fue un gran contribuyente de la gentrificación del barrio. Es decir, de hacer del barrio un barrio molón, fetén, previsible y anodino. Con tabernas hipsterizadas y Gildas a cuatro euros.
- Madrid, como todas las ciudades, se ha llenado de librerías molonas. Hay decenas. La Mistral y otras cuantas llenan esos barrios de centro, Malasaña y Lavapiés. Todas son límpidas, espaciosas, con títulos molones, con editoriales atractivas. Ninguna vende un clásico de Cátedra o un manual universitario. El negocio de las librerías molonas empieza a colapsar. Pónganse las barbas a remojar.
- Como son todas iguales, yo ya no voy a ninguna de esas. Echo de menos esas librerías abarrotadas donde si te descuidabas, tirabas una pila de libros y donde había polvo en las esquinas. Fnac, que era la epítome del consumismo hipster, está en franca decadencia y cerrando tiendas, como en Alicante. Por contra, suben Casa del Libro y El Corte Inglés, donde ningún gafapasta te pregunta si quieres leer una novela lgtbqplus. Quiero esto, te lo sirven. Punto.
Y sí, me da pena que cierre una librería. Pero todo tiene muchos prismas. Quizá todas esas plañideras que inundan las redes llevan sin pisar una librería cinco años. Ay, pero qué pena, qué tristeza. Y mientras, esperan el timbrazo del repartidor de Amazon.
Si yo tuviera que poner ahora una librería, sería barroca y llena de telarañas. Y con secciones raras.
© Texto y fotos David Ferrer, 2026.
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