De buena mañana. 2 de enero. Cosas de números.

 (De buena mañana) Cosas de números.


- En la sección de platos preparados de El Corte Inglés, esperaba yo pacientemente a que saliera mi número en la pantalla. Cuando al fin se mostró, un hombre mayor, de enorme complexión (más que yo) se me puso por delante y con mal tono, le dijo a la empleada: a ver, ponme unas nécoras y tres raciones de bacalao. Yo me acerqué amablemente y le dije:
- Perdone, pero es mi turno.
- Qué coj... que llevo aquí esperando desde antes.
- Ya, pero yo tengo el 117, que acaba de aparecer.
- Pues a mí nadie me ha dicho que haya que sacar número.

La empleada miraba como en un partido de tenis. En efecto, yo tenía la razón pero el hombre era tan altivo e iracundo que no se atrevía a contradecirlo.

- Mire la pantalla: 117. Mire mi papel: 117. Punto.

Se fue el individuo grotesco echando pestes. Yo hice mi encargo mientras la empleada contenía la risa. Cosas de la Navidad, que la sangre altera.

- Ayer terminé de realizar la contaduría de los libros que compro. Curiosamente no apunto nunca los libros que leo pero sí los que entran. Pensé que iban a ser más, aunque para la media del país, supongo que este cómputo parecerá un exceso. He adquirido 105 libros. No entran en este recuento los libros institucionales, los obsequios, las guías de viaje, los catálogos de exposiciones, las ediciones antiguas o aquellos ejemplares que entran (vía Iberlibro, fundamentalmente) por una investigación o necesidad puntual. Apunto solo los libros nuevos, nuevos. Son 105 que a una media de 2 cms de lomo suponen casi dos metros de estantería. Y ahí está el problema. El saber sí ocupa lugar. En 2025 inauguré La Prioría, un habitáculo adonde he llevado algunas secciones: literatura francesa, historia de las guerras mundiales, arte... Falta sitio, sin embargo.
Debería comprar menos libros...
Debería comprar menos libros...
Debería comprar menos...
Debería...

- Como Luis Alberto de Cuenca, no creo que occidente sea un monstruo de barbarie. Precisamente lo contrario. Me gustan los ritos y la elegancia inmanente. Y aunque apenas escucho música de los Strauss el resto del año, el concierto de Año Nuevo es un símbolo de la Europa que nos dieron y la que pretendemos conservar si nos dejan. Se ha destacado mucho en las redes (ese mentidero) la novedad de este nuevo director canadiense. Sus gestos. Su compromiso. Ya estamos. Yo también puedo ser comprometido si llevara un Rolex con bandera arcoíris de 250mil euros, como portaba él ayer. Pero me conformo con uno de 400 euros. A pesar de todo, las gesticulaciones, la sobreinterpretación hicieron de este concierto uno de los más celebrados de los últimos años, sobre todo por la gente que... el resto del año no escucha música culta. Televisivo, sí. Entretenido, también. Pero me conmovió mucho más aquel Ricardo Muti tocando sin público el año después de la pandemia, buscando sin alharacas una mínima esperanza y un consuelo. Sin Rolex de 250mil.

Como es la primera entrada de este nuevo año, me sumo a las felicitaciones. Más belleza.

© Texto y fotos David Ferrer, 2026.
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