De buena mañana. 23 de agosto. Fraudes monumentales.
(De buena mañana) Fraudes monumentales.
- He disfrutado mucho con el último ensayo de Félix de Azúa, de quien tomo el título: Un fraude monumental. Aunque pueda parecer que trata un tema escandaloso, se trata de un estudio sobre la pervivencia del gótico y la variación de los gustos estéticos a lo largo de los siglos. No todo es medieval, como sabemos los anglófilos que contemplamos los edificios neogóticos de Londres. Es un libro amenísimo con la ironía que caracteriza a este autor. No puedo dejar de reírme cuando recuerdo las alusiones que hace a los "tullidos". Bonita palabra en estos tiempos tontos de lenguaje inclusivo.
- Uno ya sabía que esta proliferación de librerías por doquier, a las que he denominado en otra entrada "librerías molonas", tenía mucho de burbuja y de fraude. Los datos y la observación me avalaban. Unas generaciones jóvenes con hábitos de lectura superficiales o simplemente "focused" en determinados géneros y sagas y, a la vez, un gusto por el unboxing y recibir paquetería en casa, no presagiaban nada bueno. De repente, todas las ciudades se llenaron de librerías molonas, simétrícas, clonadas, donde encontrabas los mismos libros en disposición random. Ni una mota de polvo ni un fondo de librería donde comprar, yo qué sé, una edición de Lope. Sagas por aquí, editoriales cuquis, infinidad de ediciones de Jane Austen. Y espacios regentados por gente que se define como "amiga de los libros". Lo serán, no lo dudo, pero de la Literatura y de la Economía lo son poco, y seguro que no han leído a Escohotado. Van cayendo una tras otra aquellas librerías que abrieron hace diez, cinco años. En algunos casos lo hacen en silencio. En otros lo achacan al cansancio. A veces culpan al sistema y a un señor de gris que pasa por la calle. No me alegro pero tampoco me entristece. Donde antes había una librería hay ahora una cafetería de especialidad, que es la nueva burbuja y el nuevo batacazo. Verán.
- Otra cosa son las librerías añejas y gigantes. Fenómeno distinto y ligado al anterior. Espacios enormes, con un magnífico inventario e incluso telarañas en algunas estanterías. ¿Quién entra y quién compra en esos templos? Como mucho alguna influencer hace una foto y sale. Sin compra. Hemos despedido este año a la enorme Hoepli de Milán. Me entero esta semana de que la editorial mexicana Era cierra. Fue, era y ya no es.
Iba yo muy ilusionado a México en febrero por ver estos templos de la sabiduría. Fue ese país uno de los centros neurálgicos de la edición. Y lo vi arrumbado. En la centenaria Librería Porrúa estábamos dos personas. En otra librería de Coyoacán compré algunos ejemplares de José Emilio Pacheco, el poeta mexicano, publicados precisamente por ERA, la editorial que ahora desaparece. Las ediciones no son bonitas. Son setenteras. Eran libros muy recomendados en mis años universitarios y se conseguían en España. No más.
¿Quién recomienda un libro hoy en día en una facultad? Dejo ahí la pregunta.
Por si alguien se queja de mis comentarios: la gente joven lee, por supuesto. Pero de otra manera. Viral, apegada a éxitos en redes sociales, de una manera casi gregaria y sin salirse de un género, saga, autor o tendencia. Pero no pisa una librería salvo por la foto. Las librerías molonas y las librerías-templo no viven de fotos.
- Ha terminado al fin la Semana Santa lorquiana de todos los años. Cada vez más espectacular. Este año ha habido hasta procesión y devocionario al santísimo, amén de genuflexiones y actos de contrición de las viudas ficticias. Como en el Entierro de la Sardina. Por lo visto todo el que no está en este cafarnaúm es cómplice de haber disparado. Dios nos libre de ello. Como también de ser cómplice de esta panda de grillados como el escritor de la boina. Otro fraude monumental.








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