De buena mañana. 8 de agosto. Te voy a enseñar algo.
(De buena mañana) Te voy a enseñar algo.
- Cada mañana, después del desayuno, reviso las cuestiones menores que son precisamente las que te aportan dopamina y te ponen en marcha con un chute de cabreo: las cuentas y videos de Instagram. Eso ahora que es temporada veraniega. En invierno, añado una dosis de Federico Jiménez Losantos a eso de las ocho de la mañana y ya salgo al trabajo dispuesto a asesinar al primero que se me cruce por la calle. Pero algo parecido ocurre con estas chicas que hacen videos de todo y para todos y cuyo leit motiv es básicamente "te voy a enseñar algo, a ti que no sabes nada". Lo de enseñarte algo a veces es literal, como dicen ellas, porque para hablar de un libro que han leído o de un cuadro que conocemos desde nuestra infancia, también muestran medio muslo o un escote. Tiene su lógica: el libro en cuestión no interesa, el muslo en cuestión es admirable y ya todos vamos siendo viejos verdes.
El caso es que ves estos vídeos instagrammers de estas chicas, o a veces chicos, y no la dopamina sino el cabreo y el rencor te hace mella en estos días tan tórridos. Uno lleva casi 30 años enseñando sin mucho éxito y ahora estas púberes canéforas te quieren adoctrinar sobre algo en un video de 1 minuto. A veces son libros, aunque predominan muchas cuentas de viajes. Siempre van con una coletilla del tipo "te voy a enseñar un lugar secreto", "te voy a mostrar un sitio desconocido", "este es el rincón que nadie visita" o "el local más bonito de la ciudad donde comer una cheesecake y el mejor té matcha". Yo siempre he sido muy celoso de guardar mis secretos, de modo que, si alguna vez rara descubro un rincón solitario y bonito, hago lo posible para que nadie se entere y siga intacto. Lo que para estas instagrammers o tiktokers es desconocido, suele estar más trillado que el paseo de Benidorm pero, claro, son jóvenes y novicias. Aún recuerdo esa tiktoker que anunciaba un "lugar secreto de Roma". No era otro que el Panteón. O un pintor secreto llamado Caravaggio. Un barrio oculto llamado Candem Town.
El problema es que ese "te voy a enseñar algo" es ya una tendencia entre los menores de 30 años y ha llegado a los institutos y a las universidades. Mira, boomer, soy yo la que te voy a enseñar algo porque tú no sabes nada de este mundo. Este año una alumna me llegó a decir: ¿quién eres tú para decidir lo que tenemos que hacer en clase? Tócate. Le di la razón.
(Hoy me ha salido otro video en el que una joven hablaba de un libro "nuevo" que poca gente ha leído. Era Orgullo y prejuicio de Austen. Cualquier día, gracias a la película, nos descubren a Homero).
- El "te voy a enseñar" es algo muy típico también de los progres de nuestra patria. Hay que, hay que, es obligatorio acoger, hemos leído estos días por la crisis de Marruecos. Hay que acoger a esos niños (abandonados por sus padres, unas bestias pardas) pero ninguno da el paso y dice, venga, me traigo a tres a casa. Hay que, hay que, te voy a demostrar mientras ultiman la cerveza desde la piscina de su urbanización. Pero del tema de Marruecos no voy a decir nada. Mejor.
- Ayer los gatos se pusieron a comer sobre un libro que estaba en el suelo. Como la novela en cuestión es un horror se me ocurrió que todas aquellas lecturas insalvables del verano van a conformar un comedero de gatos. Umbral tiraba los libros aborrecibles a su piscina. Pero yo no tengo piscina. Gato bueno no quiere libro malo.








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