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De buena mañana. 28 de septiembre. Ahuyentadora del caos.

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  (De buena mañana) Ahuyentadora del caos. - Se ha formado una cola intensa y bullanguera en una de las dependencias administrativas de la universidad. En parte porque es época de trámites y, de manera más práctica, porque fuera llueve. Los funcionarios se hacen entender como pueden ante las legiones de chinos que pueblan los estudios salmantinos. Me consta que cada vez son más, con niveles ínfimos de español eso sí, lo cual no es problema para la universidad que acoge con fervor sus ingresos y pagos. Pagan religiosamente. Mucho. Como a los chinos no los entiendo, me dedico a escuchar una conversación atrás sobre el rector. El asunto sigue candente. De hecho ya se habla sin pudor del asunto en los pasillos de la propia casa, a menos de cien metros de su despacho. Su caso no parece muy extraño pues si se vigilara el sistema de publicaciones y de autobombo de la academia universitaria de los últimos treinta años, un tercio quedaría trasquilado. La lluvia caía afuera, los chinos usaba...

De buena mañana. 19 de septiembre. Normalizar.

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  (De buena mañana) Normalizar. - Cuando me aburro, expurgo la biblioteca y hago mini secciones. Son volátiles y poco permanentes porque responden a una necesidad bibliófila del momento, a casualidades de las compras, a cuestiones académicas o gustos perecederos. El año pasado tuve que crear una sección dantesca; hace tiempo otra sobre la muerte y sus lugares (ha ido creciendo); tengo varias estantes llenos sobre Londres y estos días, en mi retiro ajardinado y horticultor de lectura, dispuse una mini biblioteca de asuntos naturales, de la tierra: ecléctica a más no poder. A veces estas secciones cobran un sentido y vas completándolas; en otras ocasiones se clausuran rápidamente, no dan más de sí. La buena biblioteca es móvil. Los libros vienen y van, suben y bajan. Suben a lo más alto en una especie de exilio y, pasado un tiempo de suplicio, requieren algo de cariño y retornan a las baldas inferiores. Desconfío de la gente que tiene bibliotecas perfectas, simétricas, inmóviles. Hac...

Vuelve La feliz Inglaterra

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 Un curso ameno y sorprendente sobre arte, historia y literatura británica. Martes a las 17 horas en Fundación Ávila. Matrícula ya abierta. Plazas limitadas.  Fundación Avila

De buena mañana. 8 de septiembre. Viva Cuenca.

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  De buena mañana. Viva Cuenca. - Nunca habíamos estado en Cuenca, ciudad en medio de algo y de la que se tienen escasas referencias. El viaje nos llevó entre extensos pinares que de repente desaparecieron en una planicie algo inhóspita en ese final de agosto. Como la ciudad estaba en fiestas, y toreaba Morante un día, Roca Rey al otro, fue difícil encontrar un hotel. Tuvimos suerte en uno que se ajustaba a la perfección con el emplazamiento. Cuenca se divide en dos ciudades. Para la bonita, la antigua, hay que entrenar las piernas, echar el hígado por la boca y crearle una tensión a mis pulmones, que por suerte son de no fumador. Cuesta para arriba, peldaños, escaleras, adoquines, calles sinuosas. La catedral es una rareza del gótico. Pero todo se ve con el agotamiento de quien ha subido a una cumbre. La parte nueva de la ciudad podría haber aparecido en cualquier película de Garci. Edificios, establecimientos y bares se han congelado en los setenta y los ochenta. Es un emplazamie...

De buena mañana. 20 de agosto. Eléctrico.

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  (De buena mañana) Eléctrico. - De camino a Villamayor, a las afueras de Salamanca, veo una enorme estación eléctrica. Con toda seguridad abastece a media ciudad. Paro el coche en una vía de servicio y hago una foto. ¿Una foto de esa estructura ordenada de torretas y de cables? Claro, hay belleza en todas partes. Más allá de la valla se acerca un guardia de seguridad, un vigilante privado o la denominación que tengan. - Pocos se paran a contemplar esto. - Pues es realmente impresionante. - Me alegra que lo vea así, estamos tan acostumbrados a la electricidad que ya no la valoramos. - ¿Le sorprende a usted también? - Mucho. Si mi turno de trabajo es de noche veo unos amaneceres increíbles entre las líneas. Y si se espera hacia las nueve y media (miró el reloj para decirlo) verá qué atardeceres. - Sí, tienen pinta de ser impresionantes. ¿Y no le da miedo? - Antes sí. Nos decían que tuviéramos cuidado por los sabotajes y los atentados. Pero aquí no para nadie. - Bueno, yo he parado. ...

De buena mañana. 18 de agosto. Anís del mono.

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  (De buena mañana) Anís del mono. - Desconozco casi todo de los gatos. No sería capaz de tener uno en casa. Pero, como decía mi querido Luis Antonio de Villena, al llamarlos los "gatos príncipes", veo algo majestuoso, individualista, egocéntrico y sublime en esos animales. Sin embargo, como digo, sería incapaz de adoptarlos como mascotas. Desde hace un tiempo, un gato blanco y uno negro se alternan en la parcela para hacer una visita. Lo hacen de manera sigilosa, siempre por el mismo sitio, siempre a la misma hora. De todo el espacio (el huerto, el jardín verde, las escaleras ruinosas, la casa, el espacio seco), han decidido presentarse por el jardincillo inglés, donde vigilan mudas las figuras de Helena de Troya y la de Afrodita. Se alternan: unos días llega el gato blanco, y otros el gato negro. Nunca juntos. A las ocho de la tarde. Aparecen de repente en el murete y allí se paran un tiempo junto a la estatua de Afrodita, con la cual han establecido una amistad que parece ...

De buena mañana. 11 de agosto. El arte de no hacer nada.

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  (De buena mañana) El arte de no hacer nada. - Está mal visto no hacer nada. De adolescente me encantaba ese poema tan poco juvenil de Gil de Biedma que decía (cito de memoria): "no leer, no sufrir, no pagar cuentas y vivir como un noble arruinado entre las ruinas de mi inteligencia". Ha sido este pasado un curso intenso: además de los cursos habituales, me he enfrentado a una enseñanza nueva sobre la que tuve que construir sobre la marcha cimientos, andamiaje, forjados y tejado. Y en horario vespertino. Como para hacer algo después. Llega San Lorenzo como el primer aviso del fin del verano. Aún quedan nuevos toques. Apenas he viajado, no he escrito un libro nuevo, llevo una vida social de monje capuchino. Por contra, no me dan envidia las hordas que pasean por Santorini, Formentera o Matalascañas. Así que hago recuento de cosas nimias: - Cada atardecer veo acercarse sigilosamente un gato, que merodea con respeto por la estatua de Afrodita. No la toca ni la derriba. Le dejo ...

Club Diógenes. Artículo de El Diario de Ávila. 24 de julio. Nadar.

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 Aquí el último artículo de la temporada en la contra de El Diario de Ávila. Feliz verano. https://www.diariodeavila.es/opinion/zb405353e-ca5c-8e61-35975419fa910508/202407/nadar

De buena mañana. 20 de julio. Vendrá la muerte.

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  (De buena mañana) Vendrá la muerte... - Supongo que la perspectiva temporal, y la memoria, que se tiene de los años de la carrera universitaria varía con el paso de los años pero, de manera inevitable, con los cambios que ha sufrido la universidad española en un par de décadas. No soy pesimista sino realista: los estudios universitarios son más breves, se tiende a mucha asignatura de escasa profundización y en lo que respecta a las humanidades el valor del libro ha caído por completo. Vale: estoy juzgando desde otra edad y condenando a las pobres criaturas que ahora se empeñan en sacarse un grado. Recuerdo con especial intensidad mi segundo año de carrera en Salamanca. El primer curso, según el plan de estudios, era excesivamente light, pero en segundo hubo un salto cualitativo. De los cinco profesores de asignaturas anuales y obligatorias que tuve ese año recuerdo con especial agrado a Luis Santos Río , entonces profesor titular de Lingüística. Apasionado en sus clases, desborda...

De buena mañana. 14 de julio. Un millón de sillas.

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  (De buena mañana) Un millón de sillas. - Hace muchos años viajé en un tren nocturno a Lisboa (no sé si eso existe ya). Te asignaban una litera, dormías si era posible y ya de buena mañana llegabas a la estación de Santa Apolonia. El motivo era un congreso de escritores titulado "La poesía y el mar". Uno de esos estertores de los viejos Ministerios de Cultura, que podían gastar y gastar. Allí estaba todo el mundo. Todos bien pagados. En el tren de ida no conocía a nadie. Cosa muy distinta, unos días después, fue el tren de vuelta donde una serie de jóvenes poetas (entonces lo era) agotamos los botellines de Oporto del coche restaurante. Era todo, en efecto, todavía de otro siglo: viajábamos aún sin internet pero con la curiosidad expandida. El caso es que tras parar el tren en la estación de Lisboa, bajé de mi coche y me dirigí a la parada de taxis para desplazarme al hotel. Coincidió aquello con una huelga de los taxistas y los pobres que andaban de servicios mínimos estab...